Los terapeutas tienen que ser “más inteligentes” que sus pacientes para que la terapia sea efectiva? No hay evidencia que lo respalde.
Los terapeutas tienen que ser “más inteligentes” que sus pacientes para que la terapia sea efectiva? No hay evidencia que lo respalde.
Este libro me está volando la cabeza.
Quiero puro tener tiempo para escribir las ideas que se me ocurren, relativas al trabajo mental desarrollado durante un buen proceso de terapia, utilizando los conceptos que Bessis propone.
Sistema 3 tiene algo que ver con la función alfa y la redescripción representacional.
Veo esto y sólo pienso en los campos de batalla del futuro 😬
En la playa más linda de Chile, disfrutando de unos días de vacaciones :)
Hace unas semanas publiqué sobre cómo el miedo mata la curiosidad, y me sorprendió mucho ver cómo, según este artículo (que recomiendo muchísimo), lo mismo opera de manera explícita en el trabajo mental de los matemáticos, para quienes la capacidad de gestionar sus propias emociones es crítica para poder acceder a los estados de flujo requeridos por el sofisticado ejercicio de modelaniento mental.
En el installer de hoy, David Pierce se tiró una recomendación buenísima: el nuevo libro de Christopher Mims, columnista del Wall Streen Journal de quién nunca había escuchado, llamado “How to AI”.
Me llamó la atención porque David le tiró flores, diciendo que le había dado los mejores consejos de escritura:
he taught me a ton about how to be crisp and clear, and most of all how to just say the thing you mean right up top.
¡Amén!
Anyhow… Hoy mismo me lo compré en Kindle y llevo el 20% leído.
El libro explica de manera clara y accesible todos aquellos saberes implícitos que he desarrollado usando grandes modelos de lenguaje, que creo son absolutamente necesarios para sacarle el máximo provecho a la tecnología. Es la versión en libro de los programas de formación que me dan ganas de hacer.
Recomiendo muchísimo escuchar esta entrevista al alcalde de Minneapolis. Un ejemplo su forma de enfrentar esta situación y comunicar claramente su posición.
En el colegio jugué rugby, y una de las cosas que “me llevé” para la vida fue una enseñanza sobre el trabajo en equipo.
La escena fue así: estábamos jugando un partido de entrenamiento y yo estaba muy frustrado con un compañero de equipo porque se equivocaba una y otra vez de manera –amerita decirlo– evidentemente estúpida. En una de esas oportunidades, me molesté tanto que me quejé en voz alta y me desconecté momentáneamente del juego. El entrenador tocó el silbato, detuvo la jugada y me dijo muy serio:
“¡Si tu compañero se equivoca, tú vas y lo arreglas! ¡Si tienes algo que decirle, se lo dices después del partido!”
Esta simple declaración movió los engranajes precisos para hacer un gran y misterioso click ético en mi. Me hizo mucho sentido y nunca se me olvidó. Hoy me acordé de esa situación a propósito de una reunión de equipo en la consultora.
Los jefes de proyecto fuimos convocados a una instancia formativa con objetivos específicos vinculados al costeo de propuestas. El tema se prestaba para hablar de varias cosas vinculadas que generaban interés e incluso inquietud en el equipo, en consecuencia, la conversación empezó a complejizarse, enredarse y diverger. En un momento, se hizo evidente que el tiempo pasaba y no lográbamos avanzar en el objetivo principal de la instancia. Hubo personas que, reconociendo que varios de los temas planteados eran relevantes, argumentaban que no se lograrían abordar en una instancia que no fue diseñada para hacerlo, y que intentar lograrlo simplemente diluiría la capacidad de trabajo del equipo. Otros, por su parte, decían: “si no ahora, ¿cuándo?”.
Yo fui de los del primer grupo.
Tomé la palabra para recordarles a los presentes que, hace un par de días, en una jornada de evaluación de otro proyeto, hubo acuerdo en la importancia de reducir la cantidad de reuniones y de hacerlas más efectivas y eficientes. En dicha instancia aparecieron varias sugerencias que habría que posteriormente aterrizar, pero la idea principal fue que el recurso tiempo es limitado, y que las reuniones no pueden transformarse en una bolsa de gatos donde “todo cabe”. Esto, como pasa con varias cosas, es más fácil decirlo que hacerlo: muchas veces la diferencia entre lo necesario y lo accesorio no es clara, o esa distinción no es homogénea para todo el equipo.
Me quedé reflexionando sobre mi posición en general respecto a estas dinámicas en los equipos de trabajo, y me di la paja de escribir todo este artículo para formularla explícitamente. Sí, nerd.
Mi ideal, en relación a estas situaciones, es que exista una cultura de liderazgo en donde siempre haya una persona a cargo de cada reunión y que todo el equipo tenga claro que este sujeto tiene la responsabilidad de balancear el logro los objetivos del proyecto con el bienestar de los miembros del equipo. En virtud de esta responsabilidad, quien detenta este rol también tiene la atribución de tomar decisiones unilateralmente, como por ejemplo, decidir cuando dar por cerrado un tema. En esta representación ideal, los miembros del equipo no se quejan, incluso a pesar de que puedan estar en desacuerdo, y siguen contribuyendo al desarrollo del “partido”. Esto les fluye naturalmente, porque saben que toda observación crítica puede ser mucho más virtuosa si se entrega en privado y de buena fe, en un espacio distinto al de la reunión, y porque saben que si se abren a la confrontación están entropizando la voluntad, atención y capacidad de trabajo del equipo.
Creo que esta posición responde a una lectura compleja —en el sentido de las ciencias de la complejidad— de los grupos de trabajo: el que un equipo funcione bien es un emergente que depende de muchos factores entretejidos que no están bajo el control de ninguna persona en particular, muchos de los cuales toma tiempo cultivar. Un grupo de trabajo con reuniones tediosas e inefectivas a la larga genera cinismo y desapego en el equipo. Es por eso que considero que —y digo esto a riesgo de romper el límite del deseo a causa de la cursilería— hay algo de sagrado en esos espacios, en el sentido de cuidarlos no sólo da cuenta de una muestra de respeto a todos los participantes, sino que también en el sentido de que se está construyendo un delicado tejido cultural, similar al del suelo de la selva valdiviana, en donde muchas cosas pueden crecer, en contraste al de un bosque de eucaliptus, en donde no pasa nada muy interesante.
Me ha pasado ya varias veces que, dentro del contexto del trabajo, recibo una entrega o propuesta que está 100% elaborada en base a Inteligencia Artificial Generariva.
Cuando sucede, no puedo evitar sentir que la persona que elaboró el documento fue desprolija y/o no ha realmente hecho el trabajo de reflexión que permitiría generar una solución como la que se propone. Siempre es posible que esto sea un prejuicio, pero pienso que más bien es un marcador somático, basado en experiencias reales que quedaron registradas en los recovecos de mi aparato mental.
De todas maneras, más allá del origen de este sentimiento, sí creo que estamos expuestos como sociedad a hacernos excesivamente dependientes de las respuestas que nos ofrecen los grandes modelos de lenguaje y, en consecuencia, a outsourcear cada vez más el esfuerzo involucrado en el proceso de pensamiento. Pienso que esto no es inocuo, ya que tenemos buenas razones para asumir que ese esfuerzo es el mejor indicador que tenemos de desarrollo cognitivo.
En su libro Skill, Anders Ericsson y Robert Pool proponen que la expertise es domain specific, es decir, que no “chorrea” hacia otros dominios de competencia, sino que se mantiene localizada ahí donde se desarrolló. Muestran, además, que el desarrollo de habilidades se produce de manera más efectiva cuando se realiza de manera intencionada y sistemática sobre un problema o desafío específico de la práctica que se desea mejorar.
Pienso que el uso bruto, excesivo e indiscriminado de la IA en general es algo que nos puede hacer menos competentes, o al menos llevarnos a perder oportunidades para desarrollar expertise en ámbitos relevantes en términos personales o profesionales.
La pregunta importante, en este caso, es… ¿cómo distinguimos qué tareas está bien delegar a la IA y cuáles no? ¿Por qué? Tengo algunas ideas al respecto que me gustaría poder pensar un poco más en otro momento.
Ahora, tengo sueño.
Leyendo las reflexiones de un programador sobre el impacto del desarrollo de los grandes modelos de lenguaje en su campo laboral, menciona lo siguiente:
It is simply impossible not to see the reality of what is happening. Writing code is no longer needed for the most part. It is now a lot more interesting to understand what to do, and how to do it (and, about this second part, LLMs are great partners, too).
Estando de acuerdo con lo que plantea, pienso que el impacto en el currículum y la didáctica debe ir en la misma línea: menos énfasis en desarrollo de habilidades específicas para “construir”, y más en las que te permiten entender qué se debe construir y por qué.
Estoy viendo la tercera temporada de Twin Peaks, maravillado viendo una escena de un tipo barriendo el piso de un bar durante 5 minutos, sin que nada más esté pasando.
Hace poco menos de un mes, no sé cómo ni por qué, me interesé en las sardinas.
No vino de la nada, claro… antes tuve un momento con el jurel, pero tenía el inconveniente de tener que separar la carne de las espinas. Quizás por eso mismo en algún momento procesos inconscientes lograron resolver el problema por mí y hacer algunas consultas en internet. Pronto, mi feed de YouTube me mostraba preparaciones culinarias de deliciosa apariencia que abrían mis canales libidinales.
“¡No se diga más!”, algo en mi pensó, y agregué unas cuantas latas en mi compra del supermercado… ¡Tuve una muy grata sorpresa!

Las sardinas son deliciosas, mucho más ricas que el jurel y el atún, y a un precio similar. Además, son saludables y convenientes, no hay que limpiar nada y se pueden comer directamente de la lata.
Corte de escena:
Dos lucas el tarro, no me arrepiento de nada.
Excelente artículo de Jonathan Shedler dirigido a las personas que están iniciando un proceso de terapia. Me gusta su capacidad de explicar con peras y manzanas, a personas comunes y corrientes, ideas que son fundamentales para la psicoterapia.
Justo el día después de la absolución de Claudio Crespo, me entero que le reventaron un ojo a un manifestante en EEUU.
Lamentable como ese país se está yendo lentamente al carajo 😞.
Probando
Estaba tranquilo terminando mi almuerzo y reviso YouTube, sólo para enterarme de que, al parecer, existe una investigación criminal federal activa sobre Jerome Powell, el presidente de la reserva federal de EEUU, iniciada desde el gobierno de Trump.
Le pregunté a Claude y esto me dijo:

Todo muy normal en la democracia más antigua del mundo.
Entre ayer y hoy me leí esta ridículamente larga publicación de Dan Wang, el autor de “Breakneck”, en donde comparte algunas reflexiones sobre las similitudes y diferencias entre China y EEUU.
No tiene desperdicio.
Tengo la mejor compañía cuando voy a la feria. La Faunita siempre me espera muy tranquilita en el árbol 🥰

