Hace poco menos de un mes, no sé cómo ni por qué, me interesé en las sardinas.
No vino de la nada, claro… antes tuve un momento con el jurel, pero tenía el inconveniente de tener que separar la carne de las espinas. Quizás por eso mismo en algún momento procesos inconscientes lograron resolver el problema por mí y hacer algunas consultas en internet. Pronto, mi feed de YouTube me mostraba preparaciones culinarias de deliciosa apariencia que abrían mis canales libidinales.
“¡No se diga más!”, algo en mi pensó, y agregué unas cuantas latas en mi compra del supermercado… ¡Tuve una muy grata sorpresa!

Las sardinas son deliciosas, mucho más ricas que el jurel y el atún, y a un precio similar. Además, son saludables y convenientes, no hay que limpiar nada y se pueden comer directamente de la lata.
Corte de escena:
Dos lucas el tarro, no me arrepiento de nada.