Cerebros fofos

Me ha pasado ya varias veces que, dentro del contexto del trabajo, recibo una entrega o propuesta que está 100% elaborada en base a Inteligencia Artificial Generariva.

Cuando sucede, no puedo evitar sentir que la persona que elaboró el documento fue desprolija y/o no ha realmente hecho el trabajo de reflexión que permitiría generar una solución como la que se propone. Siempre es posible que esto sea un prejuicio, pero pienso que más bien es un marcador somático, basado en experiencias reales que quedaron registradas en los recovecos de mi aparato mental.

De todas maneras, más allá del origen de este sentimiento, sí creo que estamos expuestos como sociedad a hacernos excesivamente dependientes de las respuestas que nos ofrecen los grandes modelos de lenguaje y, en consecuencia, a outsourcear cada vez más el esfuerzo involucrado en el proceso de pensamiento. Pienso que esto no es inocuo, ya que tenemos buenas razones para asumir que ese esfuerzo es el mejor indicador que tenemos de desarrollo cognitivo.

En su libro Skill, Anders Ericsson y Robert Pool proponen que la expertise es domain specific, es decir, que no “chorrea” hacia otros dominios de competencia, sino que se mantiene localizada ahí donde se desarrolló. Muestran, además, que el desarrollo de habilidades se produce de manera más efectiva cuando se realiza de manera intencionada y sistemática sobre un problema o desafío específico de la práctica que se desea mejorar.

Pienso que el uso bruto, excesivo e indiscriminado de la IA en general es algo que nos puede hacer menos competentes, o al menos llevarnos a perder oportunidades para desarrollar expertise en ámbitos relevantes en términos personales o profesionales.

La pregunta importante, en este caso, es… ¿cómo distinguimos qué tareas está bien delegar a la IA y cuáles no? ¿Por qué? Tengo algunas ideas al respecto que me gustaría poder pensar un poco más en otro momento.

Ahora, tengo sueño.

Leyendo las reflexiones de un programador sobre el impacto del desarrollo de los grandes modelos de lenguaje en su campo laboral, menciona lo siguiente:

It is simply impossible not to see the reality of what is happening. Writing code is no longer needed for the most part. It is now a lot more interesting to understand what to do, and how to do it (and, about this second part, LLMs are great partners, too).

Estando de acuerdo con lo que plantea, pienso que el impacto en el currículum y la didáctica debe ir en la misma línea: menos énfasis en desarrollo de habilidades específicas para “construir”, y más en las que te permiten entender qué se debe construir y por qué.

Estoy viendo la tercera temporada de Twin Peaks, maravillado viendo una escena de un tipo barriendo el piso de un bar durante 5 minutos, sin que nada más esté pasando.

Para qué me invitan, si sabe cómo me pongo

Hace poco menos de un mes, no sé cómo ni por qué, me interesé en las sardinas.

No vino de la nada, claro… antes tuve un momento con el jurel, pero tenía el inconveniente de tener que separar la carne de las espinas. Quizás por eso mismo en algún momento procesos inconscientes lograron resolver el problema por mí y hacer algunas consultas en internet. Pronto, mi feed de YouTube me mostraba preparaciones culinarias de deliciosa apariencia que abrían mis canales libidinales.

“¡No se diga más!”, algo en mi pensó, y agregué unas cuantas latas en mi compra del supermercado… ¡Tuve una muy grata sorpresa!

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Las sardinas son deliciosas, mucho más ricas que el jurel y el atún, y a un precio similar. Además, son saludables y convenientes, no hay que limpiar nada y se pueden comer directamente de la lata.

Corte de escena:

IMG_8974.jpeg Dos lucas el tarro, no me arrepiento de nada.

Por qué cultivo mi jardín digital?

Esta pregunta es muy importante, ya que su respuesta es lo que da sentido a un ejercicio intenso en términos de tiempo y esfuerzo. Como todas mis notas, lo que viene a continuación es un ejercicio en constante desarrollo y representa mi última tentativa de respuesta.

Cultivo un jardín digital porque…

En orden de prioridad:

  1. Me encanta aprender, y cultivar un jardín digital a través de un ITE constituye el ejercicio de la Práctica deliberada para aprender más de las cosas que me interesan. En la misma línea, este ejercicio no sólo involucra el aprender cosas, sino que también aprender a aprender. Esto no sólo es un tema que me apasiona, sino que también una competencia de nivel superior muy necesaria (particularmente en el entorno en el que me muevo) y poco desarrollada.
  2. Me gusta pensar y compartir mis ideas, y esta práctica me ayuda a capturarlas, trabajarlas, pulirlas y eventualmente compartirlas.
  3. Me interesa hacer bien mi trabajo. Esto, tanto porque me es gratificante en sí mismo como porque me interesa desarrollar una carrera profesional que me permita procurar suficientes recursos para tener una vida familiar rica, cómoda y satisfactoria. Dado que trabajo en ámbitos vinculados al conocimiento y el cultivo de la mente, el esfuerzo cognitivo requerido por el cultivo de un jardín digital es el desafío que mi musculatura cerebral requiere para poder crecer fuerte y sana. No es la única, pero es una que me acomoda (¡y entretiene!).
  4. Una de las formas en que puedo lograr progresar profesionalmente es mostrando mi trabajo. En mi caso, esto se traduce en poder comunicar claramente ideas interesantes que agreguen valor y que den cuenta de que he desarrollado una reflexión relevante en relación a los ámbitos en los que me desempeño. En general, el propósito genérico de los Zettelkasten es ayudar a producir publicaciones. En mi caso en particular, es algo en lo que me he aventurado mediante mi cuenta en Instagram, pero que aún tiene mucho espacio por crecer.
  5. Cambia las affordances de mi smartphone y mis interacciones con dispositivos digitales en general, para sesgarlos a favor de la producción y en contra del consumo de información. Considero que el consumo indiscriminado y omnipresente es uno de los grandes problemas de nuestra época.
  6. Me permite identificar los temas que me interesan y disponerme a aprender de ellos.
  7. Soy un nerd y me encanta estar a la vanguardia en el mundo de los sistemas PKM. Configurar mi Obsidian es un placer culpable con el que a veces lucho, pero es un placer de todos modos.

Cuida tu mente

Compartí con un amigo un excelente artículo sobre cómo las plataformas algorítmicas están destruyendo las affordances para cultivar el pensamiento, ya sea a nivel individual como colectivo.

Se quedó con esta cita, respecto del espíritu original del concepto de “ensayo”:

He called these writings essais, meaning “attempts” or “tries.” The form was explicitly provisional. Montaigne was trying out ideas, seeing where they led, acknowledging uncertainty as a fundamental feature rather than a bug to be eliminated.

Le llamó la atención por el marcado contraste entre la naturaleza tentativa del ejercicio —abierto, disponible a nuevas vinculaciones— y lo que demandaban del mismo en su formación escolar: estructura, extensión, reglas, etc.

Sin embargo, más allá de la reflexión sobre su experiencia educativa, me quedó dando vuelta otra pregunta que me planteó: “Está bueno el artículo… Estai sacando buenos artículos… ¿Cómo llegai a esa hueá?”. En principio, pensé en responderle directamente, pero me pareció una oportunidad para poder desarrollar una idea y dejarla disponible.

TL;DR: Substack y Readwise.

Substack es la plataforma de moda para el desarrollo de pensamiento más estilo long-form. Está basada en la lógica del newsletter y de las comunidades temáticas. En mi experiencia, si uno se da el tiempo para filtrar la paja del trigo, puede encontrar a personas bacanes, con una perspectiva refrescante sobre temas interesantes y muy diversos.

Readwise, por su parte, es una plataforma para gestión de notas y citas. Adicionalmente, han desarrollado Readwise Reader, que es la aplicación más pulida y potente que conozco para integrar distintos tipos de fuentes en un mismo lugar.

Esas son las herramientas en concreto que utilizo para acceder a ese contenido. Sin embargo, me parece que lo realmente importante de compartir tiene relación con el motivo que me lleva a utilizar estas herramientas —integradas con otros componentes de mi sistema de gestión del conocimiento, tema sobre el cual me iré pronunciando de a poco—: Evitar el brain rot.

Me explico.

Soy una persona que tiene una fuerte tendencia a llenar su espacio mental de información. En general es algo que disfruto, pero también soy consciente de que tengo que preocuparme de mi dieta cognitiva. Algo muy similar a lo que aplica con la comida.

Es sabido que las plataformas con feed algorítmico como Instagram o YouTube (de la cual soy un asiduo consumidor), no están optimizadas para ayudarte a entrar en un estado de profundo engagement con el contenido que te proponen, sino que para que sigas pegado a la pantalla. No es sorprendente que, dado este escenario, el tipo de contenido que se destaca en estos ambientes es el equivalente a la chatarra: un hit rápido de dopamina que te deja enganchado, pero que no te aporta nutricionalmente nada, ni a ti ni a la comunidad.

Es por eso que he buscado promover una relación más activa de mi parte con el conocimiento. Esto comienza con sesgar mi consumo hacia formatos y contenidos que le aporten más a mi vida, continúa con el destacar y tomar notas de las cosas qe me van llamando la atención, para terminar en la generación de entradas en mi Zettelkasten y, eventualmente, el desarrollo de publicaciones en mi blog o cuenta Instagram.

Tanto como me preocupo de mantener en buen estado mi cuerpo, ejercitando regularmente, he llegado a tener una posición similar respecto de mi mente. Espero poder aprovechar estos espacio para poder escribir más al respecto, lo cual es, justamente, parte fundamental de mi gimnasio cerebral.

Fracking atencional

Escuché por primera vez de este concepto en el podcast de Ezra Klein.

El entrevistado, Graham Burnett, argumenta que el mercado de la economía de la atención está tan saturado, que las empresas que se dedican a ella han tenido que desarrollar sistemas sofisticados para extraer cada uno de los remanentes de nuestra atención, en cada recoveco en el que haya disponibilidad. A esto le llama fracking atencional, haciendo referencia a una técnica invasiva de extracción de gas natural, la cual involucra inyectar una solución acuosa a alta presión para extraer las reservas que quedan entre las rocas en las profundidades.

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La analogía es interesante, porque el gas natural —al igual que la atención— es un recurso limitado y, si bien anteriormente la disponibilidad era tal que salía a presión en las operaciones extractivas que se realizaban, hoy en día, después de décadas de consumo creciente, muchos de los yacimientos actualmente explotados están casi agotados y lo que va quedando hay que sacarlo “a la fuerza”.

Eso es el fracking atencional: capturar nuestra atención a la fuerza, con cualquier triquiñuela apuntalada en los sesgos cognitivos esculpidos por la evolución en el homo sapiens, todo es cancha.

El argumento de Burnett es que este mecanismo de producción de capital nos posiciona como una especie de ganado psíquico, en donde estas empresas nos ordeñan para engrosar sus billeteras. Es justamente por esto que me parece muy necesario cuidar nuestros hábitos de consumo de contenidos, equilibrándolos de manera saludable con actividades productivas.

En mi caso, dejé completamente las redes sociales algorítmicas. Mantengo una cuenta en instagram que uso exclusivamente para publicar reels (cosa que cada vez hago menos). Tengo una suscripción a YouTube premium que acabo de dejar de pagar. En lugar de ello, dedico mi tiempo en el smartphone a leer artículos en Readwise y a escribir en mi jardín digital en Obsidian.

Y, ¿saben qué?… Me siento mejor con esta dieta. ¡Se las recomiendo!

El slop no es inofensivo

El autor de este artículo plantea que el slop es simplemente el efecto colateral de la disminución de los costos de producción. En ese sentido, no es muy distinto de lo que pasó en con el internet y las redes sociales. La otra cara de la moneda de este molesto fenómeno es que hay muchas más probabilidades de que aparezcan obras y autores interesantes y que aportan de manera significativa a la cultura.

Slop is at best annoying and frustrating, and at worst a tool for scams or propaganda. But the overall process will, I believe, usher in a golden age of creativity and experimentation.

Si bien estoy de acuerdo con su argumento, pienso que esa visión optimista no se hace cargo de las externalidades negativas que implica hecho de agregar una capa más de complejidad a la maquinaria de producción de contenidos.

Es cierto que aparecen genialidades y que es mucho más justo para el talento sin recursos, pero eso no quita que las grandes masas queden expuestas a establecer una relación tóxica con contenidos de baja calidad.

Tal como sucede con la comida chatarra, es bastante fácil capturar la conducta de las personas haciendo una ingeniería inversa de nuestra configuración libidinal y terminar con masas enganchadas a contenido que no aporta nada al desarrollo personal, relacional o cultural. Sobretodo cuando hay una industria multimillonaria basada en el fracking atencional poniendo todos sus recursos a disposición para optimizar la función asociada a ese match.

No por nada a todos nos inquieta la imagen de la sociedad al final de Wall-E: nos parece un futuro bastante factible, porque ya lo hemos empezado a vivir.

Excelente artículo de Jonathan Shedler dirigido a las personas que están iniciando un proceso de terapia. Me gusta su capacidad de explicar con peras y manzanas, a personas comunes y corrientes, ideas que son fundamentales para la psicoterapia.