El viernes estuve en el evento de Propel, “IA para el Impacto Social”, realizado en la Fundación Mustakis. Algo que una de las panelistas —que he leído en muchas partes y que me hace pleno sentido en función de mi propia experiencia— es que el verdadero foso (moat) es la expertise sobre un dominio técnico específico.

“Moat” es una expresión de moda entre los gringos para designar a aquella ventaja comparativa insalvable, que te defiende de la posibilidad de que otros agentes del mercado la ofrecan y te dejen offside, sin negocio.

En esencia, la idea que compartió la panelista es un argumento que va en contra del temor generalizado de que las máquinas nos dejarán a todos sin pega, particularmente a las personas de más edad. Lo que se ha visto, en cambio, es que los modelos de lenguaje amplifican las capacidades de las personas en términos de la implementación, pero no logran reemplazar el juicio experto, específicamente en determinar cuándo una tarea está bien lograda.

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